Introducción

El interés por la fibra en nutrición humana aparece con fuerza a partir de los trabajos de Burkitt y cols., que se interesan por la relación que parece existir entre el consumo inadecuado de fibra y el aumento progresivo de enfermedades degenerativas en las sociedades desarrolladas. La fibra dietética se reconoce hoy, como un elemento importante para la nutrición sana.(1)

La literatura científica documenta varios efectos favorables de la fibra alimentaria sobre la homeostasis de la glucosa, el metabolismo lipídico y el ingreso calórico.

El tracto gastrointestinal interviene en dichas funciones de tal modo que la sensación de saciedad percibida por el estómago en respuesta a una comida regula la tasa de eliminación de macronutrientes hacia el intestino delgado, sitio en donde se produce su mayor absorción.

La American Association of Cereal Chemist (2001) define: “la fibra dietética es la parte comestible de las plantas o hidratos de carbono análogos que son resistentes a la digestión y absorción en el intestino delgado, con fermentación completa o parcial en el intestino grueso”. La fibra dietética incluye polisacáridos, oligosacáridos, lignina y sustancias asociadas de la planta.

Las fibras promueven efectos beneficiosos fisiológicos como el laxante, y atenúa los niveles de colesterol y glucosa en sangre. (2)

Las propiedades de la fibra

Entre sus propiedades se encuentra la capacidad para disminuir la glucosa o el colesterol en el plasma y el efecto laxante.

Una clasificación simplificada divide a los distintos componentes de la fibra alimentaria según su solubilidad en agua, en fibras solubles (pectinas, gomas, mucílagos y polisacáridos de almacenamiento) y fibras insolubles (celulosa, hemicelulosa y lignina).

La fibra soluble tiene efectos favorables sobre el metabolismo de la glucosa y de los lípidos atribuibles a la viscosidad que condicionan en el contenido intestinal. La fermentación colónica de la fibra soluble genera ácidos grasos de cadena corta que podrían tener un efecto beneficioso sobre el metabolismo lipídico, la prevención de las Enfermedades Cerebro Vasculares (EVC), la diferenciación celular y la apoptosis (muerte celular). (3)

La fibra insoluble genera una atracción pasiva de agua que lleva a la formación de una masa fecal blanda que estimula la evacuación. (4)

Los suplementos de fibra alimentaria

Entre los suplementos de fibra alimentaria figuran el nopal (Opuntia lasiacanta), las  fibras de trigo (Triticum aestivum), linaza (Linum usitatissimum), manzana (Malus domestica), ciruela (Prunus domestica), guayaba (Psidium guajava), papaya (Carica papaya), entre otras.

El nopal es de uso habitual en el síndrome de intestino irritable, la constipación y las enfermedades inflamatorias del intestino. Las fibras derivadas de frutas (pectinas)  se utilizan como antidiarreicos.

La inulina de agave ha sido utilizada en combinación con algunas de éstas fibras en pacientes con hiperglucemia, hipercolesterolemia y obesidad, observándose excelentes resultados.(5)(6)(7)(8)(9)

La fibra y el peso corporal

Algunos estudios epidemiológicos sugieren una relación inversa entre el consumo de fibra alimentaria y el peso corporal(10)(11), hecho que ha sido corroborado en estudios transversales y observacionales que tomaron en cuenta el índice de masa corporal (IMC) y el aumento de peso(12)(13). Éste último parámetro se correlacionó en forma inversa con la cantidad total de cereales consumidos.

Se ha comprobado en diversos estudios que el estómago da una señal de saciedad en respuesta al volumen y a las calorías que ingresan con la comida. Además se ha observado que la fibra alimentaria induce una mayor saciedad en comparación con la ingesta de azúcares simples y de polisacáridos digeribles.

Dicha saciedad podría resultar de varios factores: las propiedades físicas intrínsecas de la fibra alimentaria (su propiedad como formadora de masa o de gel, o el cambio de la viscosidad del contenido gástrico), la modificación de la motilidad gástrica y la reducción de la respuesta postprandial a la insulina y a la glucosa.

Además, la fibra alimentaria puede prolongar la duración de la comida por la mayor masticación requerida, lo que podría tener una influencia cefálica periférica sobre la saciedad. (14)

La fibra y el metabolismo de la glucosa

La ingesta de fibra alimentaria soluble se asocia con niveles de glucosa postprandial más bajos y una mayor sensibilidad a la insulina tanto en los individuos normales como en los diabéticos Contrariamente, la fibra insoluble no tiene efectos sobre la glucemia postprandial. En trabajos observacionales y en un metanálisis que incluyó 328 212 sujetos, se observó la ingesta de fibra insoluble tuvo una fuerte asociación con la disminución del riesgo de diabetes.

Un metanálisis de 6 estudios prospectivos demostró que la ingesta de 2 porciones diarias de cereal rico en fibra podía reducir el riesgo de diabetes en un 21%. (15)

Conclusiones

En los estudios mencionados se  ha demostrado que la población general y los individuos diabéticos en México, no consumen una cantidad de fibra adecuada con la dieta.

Por otra parte, está comprobado que la incorporación de los suplementos de fibra o el consumo de ésta a partir de fuentes naturales tiene un efecto real en el aumento de la saciedad, además de un efecto beneficioso para controlar y prevenir el síndrome metabólico y las ECV.

El tracto gastrointestinal es un intermediario de dichos efectos por medio de la regulación de la motilidad gástrica y del intestino delgado, de la absorción, de la secreción de hormonas y de la flora colónica.

Bibliografía:

  1. Dietary Fiber and Disease, D. P. Burkitt, MD, FRS, FRCSE; A. R. P. Walker, DSc; N. S. Painter, MS, FRCS, FACS.JAMA. 1974;229(8):1068-1074. doi:10.1001/jama.1974.03230460018013.
  2. American Association of Cereal Chemists. The definition of dietary fiber. Cereal Foods World. 2001; 46: 112–129.
  3. Galisteo, M., Duarte, J., and Zarzuelo, A. Effects of dietary fibers on disturbances clustered in the metabolic syndrome. J Nutr Biochem. 2008; 19: 71–84.
  4. Trowell, H. Diabetes mellitus death-rates in England and Wales 1920–70 and food supplies. Lancet. 1974; 2: 998–1002.
  5. Butt, M.S., Shahzadi, N., Sharif, M.K. et al. Guar gum: a miracle therapy for hypercholesterolemia, hyperglycemia and obesity. Crit Rev Food Sci Nutr. 2007; 47: 389–396.
  6. Alonso-Sande, M., Teijeiro-Osorio, D., Remunan-Lopez, C. et al. Glucomannan, a promising polysaccharide for biopharmaceutical purposes. Eur J Pharm Biopharm. 2009; 72: 453–462.
  7. Singh, B. Psyllium as therapeutic and drug delivery agent. Int J Pharm. 2007; 334: 1–14.
  8. Brownlee, I.A., Allen, A., Pearson, J.P. et al. Alginate as a source of dietary fiber. Crit Rev Food Sci Nutr. 2005; 45: 497–510.
  9. Berthold, H.K., Unverdorben, S., Degenhardt, R. et al. Effect of a cellulose-containing weight-loss supplement on gastric emptying and sensory functions. Obesity (Silver Spring). 2008; 16: 2272–2280.
  10. Koh-Banerjee, P. and Rimm, E.B. Whole grain consumption and weight gain: a review of the epidemiological evidence, potential mechanisms and opportunities for future research. Proc Nutr Soc. 2003; 62: 25–29.
  11. Slavin, J.L. Dietary fiber and body weight. Nutrition. 2005; 21: 411–418.
  12. Alfieri, M.A., Pomerleau, J., Grace, D.M. et al. Fiber intake of normal weight, moderately obese and severely obese subjects. Obes Res. 1995; 3: 541–547.
  13. Pleby, P.N., Thorogood, M., Mann, J.I. et al. Low body mass index in non-meat eaters: the possible roles of animal fat, dietary fibre and alcohol. Int J Obes Relat Metab Disord. 1998; 22: 454–460.
  14. Van de Vijver, L.P.L., van den Bosch, L.M.C., van den Brandt, P.A. et al. Whole-grain consumption, dietary fibre intake and body mass index in the Netherlands cohort study. Eur J Clin Nutr. 2007; 63: 31–38.
  15. Bourdon, I., Yokoyama, W., Davis, P. et al. Postprandial lipid, glucose, insulin, and cholecystokinin responses in men fed barley pasta enriched with beta-glucan. Am J Clin Nutr. 1999; 69: 55–63.
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